Los 10 mandamientos de un mal voluntario

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La necesidad de ayudar a los animales se siente desde lo más profundo. En el afán de ayudar, el voluntario se deja la piel para mejorar el bienestar de los que esperan una nueva vida.

Sin embargo hay actitudes y acciones que pueden emborronar todo un trabajo bien intencionado, afectando al buen funcionamiento de los centros y poniendo en riesgo incluso la seguridad de las personas voluntarias y los propios animales.

¿Quieres saber si haces bien o mal tu voluntariado?

1. No dejarse asesorar

A veces uno de los principales problemas es creer que como voluntario, lo sabes todo de los animales. Sin embargo es maravilloso dejarse asesorar y poder evolucionar, replanteándote nuevas estrategias y formas de trabajo para mejorar cada día.

Profesionales, encargados de los centros, voluntarios con experiencia o noveles con ideas frescas… todos pueden aportar (¡y deben!) cuando se trata de ir en pro de los animalillos a los que quieren ayudar.

2. No asesorar al resto

De igual manera, nuevas ideas o procedimientos probados satisfactoriamente, van a mejorar la calidad de vida de los bichejos que necesitan mucho calor, mucho cariño, y una buena dosis de formación de los voluntarios.

¡No te quedes para ti lo que te funciona bien con un animal concreto o con toda una manada! Poder compartirlo y mejorarlo es sin duda un legado valiosísimo para todos los que dejan horas y horas en estos lugares, a veces tan duros de afrontar.

Cachorro sin hogar

3. No acatar las normas del centro

Cada centro tiene sus rutinas, sus normas, su forma de hacer las cosas. Querer cambiarlas poco a poco para mejorarlas es casi un deber de todos los voluntarios que pisamos protectoras, residencias o albergues… pero las normas están para cumplirlas, y la anarquía y cambio de rutinas en estos animales les afecta enormemente, de la peor manera posible.

Si no estás conforme con estas normas y ves que la posibilidad de que escuchen y valoren tus propuestas es limitada, mi consejo es que busques otra de las muchas protectoras o centros similares para dar lo mejor de ti. Lamentablemente, muchos perros, gatos y otros animales necesitan ideas y una buena mano para su día a día.

4. Confundir sus necesidades propias con las necesidades de los animales

Los motivos por los que alguien para un momento en su vida y decide regalar su tiempo a estos animales, son muy diversos. A veces incluso una vivencia más o menos traumática, le hace dar el paso.

Y la historia queda preciosa escrita para el recuerdo, pero a la hora de trabajar con los animales, tenemos que dejar de lado nuestras propias razones para centrarnos exclusivamente en el ser que tenemos delante. Ninguno de nuestros problemas, nuestras carencias o preocupaciones pueden volcarse a la hora de tratar con ellos. Cada uno es único y como tal debemos atenderle.

El trabajo del voluntariado se debe centrar en proveer de la vida más digna posible a los animales promoviendo y difundiendo las caracteríscas del perro o gato para su pronta adopción.

5. Tratar a los animales como tareas a realizar

En relación con el “mandamiento 4“, los animales son seres que sienten y padecen. Algo tan obvio como cierto.
A veces veo cómo se les trata como “listas de comprobación” donde se crea el deber de hacer las tareas como sacarles, limpiar cacas, ponerles un bozal, etc., sin ser conscientes de su parte emocional. Muchas, muchas veces, pararse un ratito con cada animal con el que tenemos posibilidad de estar y darles precisamente lo que menos tienen: cariño, mimos, caricias, conversación… es precisamente lo que más necesitan.

No se hace mejor al animal por sacarle todos los días, si ninguno de ellos ha tenido la posibilidad de dejarse envolver por 15 minutos de calma, compartiendo el mismo espacio con personas voluntarias.

perro callejero

6. Alimentar de manera inapropiada

¡Pobres perros de las protectoras! Es cierto que ni la alimentación suele pasar por ser de la mejor calidad, ni los perros de las protectoras suelen estar pasados de peso… pero en cualquier caso no mantener una línea en la alimentación, pasar por alto diarreas continuas o apetitios inexistentes… no es una buena práctica (por supuesto, aquí la economía manda y poco se puede hacer).

Sin embargo aventurarse a dar a los perros la comida que nos parece más adecuada, sin pasar por la supervisión del centro, no es una práctica aceptable para un voluntariado de calidad.

Los huesos puede originar o potenciar la protección de recursos, las salchichas o embutido, quesos y demás puede causar problemas hepáticos o de obesidad, un pienso o alimento para el que un perro es alérgico puede ocasionar serios daños, los huesos frescos pueden originar obstrucciones y diarreas a perros con estados de estrés y ansiedad tan altos como los de las protectoras… y muchas otras variables, combinables entre sí, que no tenemos en cuenta cuando decidimos alimentar a los animales por nuestra cuenta.

Si quieres ayudar con comida, pregunta al centro y dona sacos adecuados, o dona dinero para que puedan comprarlos en aquellos lugares donde les hacen descuentos.

7. Modificar conductas fuera de su conocimiento

Esto pasa con frecuencia cuando los voluntarios observan trabajar a profesionales de educación canina. Con frecuencia replican los trabajos que hacemos de socialización o de educación de los perros, pero sin los conocimientos adecuados, y con frecuencia también les cuesta distinguir las señales de la comunicación canina para determinar si se están pasando de tiempo, de intensidad, de distancia…

Todas las modificaciones de conducta deberían realizarse, al menos, con la supervisión profesional requerida, y en cualquier caso no aventurarse a ir más allá del trabajo que se esté realizando con ellos.

8. Pasar por alto su propia seguridad

No por ir a “pecho descubierto” se es más profesional, se sabe más o se suben más escalones como voluntario/a proparado/a. Es más, salvaguardar la seguridad es una de las primeras lecciones que se aprenden en cualquier buen curso de educación canina.

Si no te sientes preparado/a, no entres, no pongas un bozal o no saquescon la correa. Es sencillo. Seguro que hay muchos perros esperando que te acerques a verles. Dar pie a comportamientos peligroso te pueden poner en un apuro que a veces tiene consecuencias nefastas.

9. Justificar y repetir acciones que llevan a conductas inadecuadas

A veces sin saber muy bien cómo, llegamos a una situación en la que el animal tiene comporamientos agresivos, de altísima excitación o en cualquier caso, no deseados.

He oído hasta la saciedad frases como “a mí no me importa que me haya roto el pantalón” o “no pasa nada, ha mordido porque estaba nervioso“.
¡Ojo! Sí que pasa. El pantalón se arregla o se sustituye y una herida o un susto se curan con el tiempo (¡normalmente!). Pero la actitud del perro se fortalece con cada “no pasa nada” y cada despiste que le permite tener que reaccionar así en esa situación. No debemos fomentar comportamientos que no son apropiados. Nunca.

Siempre hay que tener en cuenta que nuestro trabajo como voluntarios/as es favorecer la adopción de la mejor manera posible para que el animal no vuelva de nuevo al centro.

10. No decir toda la verdad al difundir a los animales

Y este error que es común pero lleno de bondad detrás, hace que a perros y familias que no encajan, se les haga encajar por la fuerza, y es tan frágil esa unión que termina con el perro regresando al centro o la familia perjudicada por no haber encontrado a su compañero ideal.

Hay miles y miles de animales con formas, caracteres, tamaños y necesidades muy diferentes. Desde los que son felices en una finca hasta los que tienen que dormir en la cama con la familia entera, y no todas las familias tienen una finca ni todas están encantadas con los pelos en las sábanas. Y un perrete de finca vivirá atemorizado en una gran ciudad, así como un perro de dormir en cama se morirá de pena en el patio de la casa. Simplemente, hay un perro para cada familia y una familia para cada perro.

Ser sinceros hará que tengamos la posibilidad de juntarles, y de que vivan tan felices juntos como todos deseamos.

¡Feliz voluntariado!

Miriam SainzLos 10 mandamientos de un mal voluntario

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