Diferencias y similitudes de educar a humanos y a perros

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¿Por qué educar a un perro no es como educar a un humano? Hago esta pregunta porque con frecuencia me encuentro a personas que se disculpan de antemano al decirme que tratan a su perro como si fuera su niño y que ya saben que está mal. Al margen de juzgar si está bien o si está mal, términos muy relativos y tajantes a la vez, ¿cuáles son las diferencias?

Hay muchos motivos por los que enseñar a un perro es muy diferente a enseñar a un adulto o un niño, pero cuidado, que hay grandes similitudes también. Vamos a comenzar con algunas cosas que nos hacen educar de manera diferente:

 

Diferencias en la educación entre humanos y perros

HUMANOS PERROS
Comprensión Relación causa – efecto
Con las personas podemos comunicarnos de manera más clara y ayudar a comprender una situación o una consecuencia de nuestras acciones, sean estas recientes o se lleven produciendo a lo largo de muchos años. Por ejemplo, si unos padres llegan a casa y encuentran a sus hijos durmiendo, envueltos en pinturas de colores y todas las paredes de la casa decoradas a su gusto, cuando se levanten, podrán hacerles entender su enfado por algo que hicieron el día anterior, mientras ellos estuvieron ausentes. Los niños no tendrán problema alguno en comprender de dónde viene la reprimenda. No podemos comunicarnos con nuestro perro en base a algo que ha pasado hace horas. Esto no significa que el perro no se acuerde, pero no podemos ejercer una acción sobre algo que no está pasando en el momento, puesto que no podemos hacer entender al can el momento al que nos estamos refiriendo. Esto ocurre por ejemplo con hacerse sus necesidades en casa. Es cierto que puedes regañar al animal delante de una caca y él entenderá que la caca en sí está mal, pero no el hecho de «cómo ha llegado esa caca ahí». Es decir, el hecho de defecar se desvincula del hecho de que aparezcan en casa sus heces. Así, muchos perros regañados al cabo de las horas por tener una caca en el salón optarán por eliminar las pruebas comiéndosela, antes de que llegue la hora de que regrese su cuidador a casa, por ejemplo.
Razonamiento Desensibilización
Gracias al lenguaje podemos hacer entender a una persona o un niño los motivos por los cuales creemos que algo está bien o por qué otra acción no debería repetirse más. Justificando nuestras decisiones y aclarando nuestro punto de vista, conseguiremos disipar las dudas por las que, a nuestro entender, las cosas son o no correctas. Lo más cerca que podemos estar del razonamiento con un perro, es ayudarle a entender que un objeto, persona o situación no genera las consecuencias que el perro espera, y eso lo conseguimos con la desensibilización. Por ejemplo, el sonido de una bolsa de plástico que asuste al perro deberá ser mostrada de tal manera que el perro pueda habituarse a ella, acercarse generándole una consecuencia postiva o, por ejemplo, que aparezca la bolsa sin la emisión de ningún sonido y vuelva a desaparecer de la misma manera que llegó. Hay distintas técnicas a la hora de desensibilizar a un perro, que es nuestra mejor forma de mostrarle nuestros «argumentos» sobre algo concreto.
Lenguaje Señales verbales
Poder comunicarnos mediante un mismo lenguaje nos ayuda a poder explicar las cosas que no se comprenden. Un lenguaje común ha sido la base principal para que las civilizaciones pudieran desarrollarse y tener un intercambio de opiniones e ideas. Es con el lenguaje como podemos ser específicos y concretos para expresar lo que realmente queremos. Ayuda a poder razonar y a comprender las cosas con mayor facilidad. Tener señales verbales para transmitir un comportamiento a un perro no significa, ni mucho menos, que sepa hablar nuestro idioma. Significa que sabe interpretar lo que esa palabra o palabras quieren decir, igual que nosotros podemos interpretar un gruñido suyo o un ladrido, según esté jugando o intentando intimidar.
Recompensa a largo plazo Recompensa a corto plazo
Gracias a nuestra comprensión y razonamiento, los humanos podemos esperar a tener recompensas a corto, medio y largo plazo. Así es la promesa de un futuro mejor si hoy en día trabajas o estudias duro o una gran cosecha de tomates caseros siempre que plantes, riegues y cuides la planta durante una serie de meses, por ejemplo. No podemos trabajar y enseñar a nuestro perro a trabajar con la promesa de recibir un paseo más largo el fin de semana ni un plato de comida extra el día que haya rebajas en la tienda… Las recompensas, que no tienen por qué ser alimenticias exclusivamente, necesitan ser inmediatas. Esto no significa que no trabajemos tiempos de espera con nuestro perro ni un aplazamiento del refuerzo que le estemos dando, pero estos deberán ser durante la propia sesión, y no pasadas las horas o los días.
Independencia Dependencia
La mayoría de las personas tendrán una independencia total o parcial sobre sus decisiones y su forma de actuar. También una independencia que nos lleva a la emancipación y a poder hacer nuestras vidas al margen o con cierta distancia de quienes nos criaron, cuidaron y enseñaron. Para un perro la independencia no existe. Es más, la independencia de algunos perros menos apegados o que aparentemente vayan más a su aire, que crean tener a la hora de poder olfatear en un parque o salir corriendo tras un conejo en medio del monte, estará supeditada a la manga ancha que los cuidadores quieran darles. Obviamente, un perro no puede vivir por su cuenta y además, los perros domésticos, han sido precisamente modificados buscando un perfil determinado que les hace vulnerables a ser independientes en nuestra civilización.

Educación niños y perros

Pero no solo tenemos diferencias a la hora de poder entrenar y tratar con nuestros peludos. También hay similitudes que deberemos tener en cuenta:


Similitudes en la educación entre humanos y perros

HUMANOS PERROS
Entendimiento Interpretación
Tomando como entendimiento la facultad de pensar, el ser humano puede discurrir hasta entender algo que, en un primer momento, estaba fuera de su alcance. Del mismo modo los perros pueden interpretar nuestros olores, estados de ánimo, palabras y gestos para llegar a entender la realidad de la situación en la que se encuentran.
Señales gestuales Señales gestuales
Buena parte de la comunicación que establecemos entre nosotros la obtenemos de la comunicación no verbal. Cruzarse de brazos, entornar los ojos, suspirar o tiritar, son algunos ejemplos sencillos de cómo los gestos nos llevan a mantener una idea global de la situación con información complementaria, y a veces decisiva, a las palabras. Los perros nos observan gran parte de su tiempo, cuando nosotros no somos ni siquiera conscientes. Es por lo que se oye tanto eso de «no me hace falta decírselo«, aunque la realidad es que ya sabe lo estás diciendo, sea lo que sea, con tu comportamiento corporal. En los entrenamientos es habitual comenzar a marcar las señales de un comportamiento precisamente con los gestos antes que con las palabras (como siempre, ¡depende del perro y la situación!)
Lugares prohibidos Lugares prohibidos
Todos tenemos lugares a los que no podemos acceder: un despacho de un cargo superior, una sala de alta tensión, un quirófano de un hospital, un parque de atracciones si no llevamos entrada… y aunque a veces nos llene de ira una situación similar, lo cierto es que la podemos superar y continuar con nuestra vida, evitando pasar por los alrededores de aquel sitio prohibido y a la vez, deseado, por ejemplo. En nuestra sociedad tenemos normas y leyes que nos impiden hacer lo que queramos en el momento que queramos, y nos guste más o menos, sobrellevamos la situación sin que la vida resulte reumática. Para los perros puede haber también sitios a los que no queremos dejarles pasar, por el motivo que sea (problemas de higiene, zona peligrosa, cosas con las que no debe jugar, estímulos suficientemente peligrosos o excitantes, en definitiva, con los que no queremos que interaccione y frente a los que no tenemos la seguridad de poder enseñarle adecuadamente, por ejemplo). Enseñarle a que en ese lugar no es bienvenido no debe suponer un problema para él. Como siempre, el adiestramiento y la educación del perro marca una pauta muy importante para no fomentar la necesidad de romper las reglas de juego y traspasar el umbral que nosotros hemos decidido que no pase.
Aprendizaje por sí mismo Aprendizaje por sí mismo
Por muy cuidadosos que seamos a la hora de enseñar a un niño, a lo largo de su vida aprenderá lejos de nuestra instrucción. Y es así porque puede (¡y debe!) interaccionar con personas, animales y cosas de tal manera que haya situaciones en las que aprenda por sí mismo y otras en las que alguien o algo le enseñe más de una lección. Lo cierto es que es estupendo no tener la responsabilidad 100% de que un niño solo pueda aprender aquello que sale del conocimiento de sus progenitores… También los perros aprenden en su día a día comportamientos de otros perros y otros animales, incluidos los humanos. Continuamente están recibiendo refuerzos o sanciones del mismo ambiente en el que se mueven, y para ello debemos ser conscientes del tipo de información que le llega, y controlarla, pues es una de las herramientas del adiestramiento con las que contamos. Sin embargo no podemos controlarlo todo, todo el tiempo, y aún así, los perros continúan aprendiendo, queramos o no, seamos conscientes o no.
Confianza Confianza
Teniendo la suficiente confianza en que lo que hemos enseñado a un niño es lo correcto y tiene una base suficientemente sólida, tendremos también en dejarle ser y actuar como marque su conciencia. En todo ser humano llega el momento de actuar con la independencia de la que hablábamos antes y ser conscientes de que es el momento de ir caminando por la senda que prefiera. Los cuidadores deberán tener la suficiente confianza en la persona para dejarla actuar conforme a sus convicciones. No es posible que un perro sea pleno si no tenemos confianza en él como para que pueda expresarse. Y esto significa dejarle interaccionar con otros animales de su especie, decidir sobre el comportamiento que debe realizar o dejarle resolver una situación conflictiva, por ejemplo, sin el control excesivo y sin pautar cada una de las acciones que haga. Si el trabajo que hemos realizado entrenando a nuestro perro es bueno, no deberíamos tener ningún problema de confianza hacia él.

 
¿Te ha parecido interesante? Te animo a que me cuentes cuál es tu opinión sobre esto y sobretodo, ¡tu experiencia! Y por supuesto, si te ha gustado, estaré encantada de que lo compartas entre tus amigos con niños y tus amigos con perros 😉

Similitudes entre educar a un niño y a un perro



Miriam SainzDiferencias y similitudes de educar a humanos y a perros

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