Enseñamos con señales: ni órdenes ni comandos

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Exigir o pedir…

La buena educación con frecuencia queda relegada a las interacciones que tenemos entre humanos. El amor hacia nuestros animales, nuestras ganas de aprender o enseñarles o nuestro deseo de disfrutar con ellos se ve empañado por la necesidad de un comportamiento ejemplar, socialmente aceptable, y por la frustración de no saber comunicarnos de una manera efectiva.

Me gusta exigir a mis alumnos que vayan donde yo estoy lo más rápido que puedan, con voz algo áspera. Ante su sorpresa y su caminar dubitativo con cara de incredulidad, les pregunto: ¿por qué no viernes más rápido? Y aunque rara vez hay respuesta, la respuesta sin embargo es clara: mi mala educación frena cualquier impulso emocionado de satisfacer esa obligación. Un silencio y una sonrisa después (es decir, una sacudida de cualquier perrete…), entienden que a nadie nos gustan las imposiciones… ¡tampoco a otros animales!

Frustración: la aliada de la exigencia

Enseñamos una y otra vez las cosas, y la mayoría de las veces, cuando ya deberían saberlas, lo exigimos sin posibilidad de fallo. “Cuándo deberían saberlas” lo decidimos nosotros aleatoriamente, normalmente basado en algún acierto del perro o según aumenta nuestro cansancio en el entrenamiento. Si no lo cumple a la perfección, es costoso pararse a pensar que también el peludo puede estar cansado, o incluso que no se le ha enseñado todo lo bien que se debería. Así que llega la frustración, y cuanta más frustración, menos respeto. Cuanto menos respeto, menos ganas tiene el perro de seguir jugando (¡recuerda que el entrenamiento es un juego!), y está claro que dos no juegan si uno no quiere…

De la frustración a la exigencia y la obligación, hay un suspiro, así que si sientes que las cosas no están saliendo como quieres y eso te incomoda hasta el punto de no poder buscar un camino alternativo, ¡deja de entrenar! Ya habrá otros momentos más convenientes para interactuar con tu perrete.

Señales, ni órdenes ni comandos.

 

Los tonos de voz ¡también cuentan!

Hablamos maravillas de nuestros perros, pero continuamente al dirigirnos a ellos lo hacemos con voz seca, cortante, tono alto y posición corporal intimidatoria… ¿por qué? Pues porque alguien nos dijo en el parque que teníamos que hacerlo así y además hemos visto su efectividad en la tele… Y por qué obviarlo, porque según nuestra edad también lo hemos sufrido más o menos en nuestra educación. ¡Pero las cosas han cambiado!, y es una lástima que a penas haya llegado a calar en el mundo del perro.

El gran secreto es que los animales también atienden a voz dulce y suave… ¡impresionante!

La prueba del cambio que esto supone en el perro es evidente, pero hay más… el cambio que supone en uno mismo es gigantesco. Dejas de fruncir el ceño, de tensar los músculos, de obligar y exigir, de tener la responsabilidad de que el perro no falle, comienzas a disfrutar, a valorar las respuestas correctas… y poco a poco empiezas a ver un cambio de actitud en el perro y una maravilloosa colita moviéndose y esperando otra oportunidad para seguir jugando contigo. Pruébalo, ¡es terapeútico!

Señales en el adiestramiento canino

Señales: ni órdenes ni comandos

Teniendo claro que la exigencia no nos lleva a ningún sitio, es hora de comenzar a cambiar también nuestras palabras. Dar comandos u órdenes a nuestro perro nos lleva a la exigencia, pues no hay posibilidad, por definición, de que puedan no hacerse efectivos.
Lo que nosotros hacemos con el perro es enseñarle lo que nuestras señales significan, y les pedimos que atiendan a ellas para que nos den las respuesta que queremos. Pero no es más que una indicación que forma parte de la comunicación. En nuestra mano está trabajar para que esa señal tenga sentido y su respuesta sea fiable en distintas situaciones. Si al indicarle lo que queremos que haga, el perro responde de una manera diferente a lo que nos gustaría, habría que preguntarse a quién deberíamos exigir un mayor trabajo, ¿verdad?

A veces simples cambios en nuestro lenguaje ayudan a cambiar también nuestros comportamientos, y si eso redunda en un mayor beneficio para nuestros compañeros no humanos, ¡merece la prensa hacer el cambio!

 




Miriam SainzEnseñamos con señales: ni órdenes ni comandos

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