Las claves del éxito (II): Paciencia

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Cuando ya hemos conseguido sacar el tiempo suficiente para nuestro perro, es hora de ponerse una capa de paciencia que nos permita darle al perro su espacio y su tiempo para poder trabajar con él. Y esto es importante porque sin la paciencia necesaria no podremos fomentar que el perro investigue, pruebe y finalmente aprenda.

Las necesidades de un perro pueden variar mucho de unos momentos a otros del día y por supuesto entre días o meses. Lo primero que debemos hacer es saber cómo se comunica con nosotros porque eso nos ayudará también a tener paciencia al poder descifrar el proceso que está llevando a cabo el perro y por supuesto a dar los pasos necesarios hacia delante.


Exigir a un perro en vez de trabajar con él, de convencerle, de apoyarle, en muchas circunstancias viene fomentado precisamente por tener poca paciencia. Si nosotros mismos nos alteramos o impacientamos, el perro lo percibirá y lo normal es que comience a bloquearse, lo que a su vez hará que nos pongamos mas nerviosos porque las cosas que queremos hacer no están saliendo como deberían.

El perro no va a dejar de hacer las cosas “porque no le de la gana”. Los motivos pueden ser muchos y en ocasiones no podremos llegar a saberlos, pero la falta de motivación, el miedo, la frustración o el dolor físico del animal son algunas de las cosas que hacen que un perro estable y con ganas de trabajar, deje de hacerlo. Y para estas situaciones la paciencia juega un papel fundamental y además da confianza al perro.

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Y la paciencia no significa que podamos pasarnos una hora entera mirando al perro porque ha decidido no levantarse, no. Si estamos seguros de que nada físico tiene, ninguna enfermedad ni ningún dolor que le impida realizar la tarea que le pedimos, tendremos que hacer uso de esa paciencia para intentar convencerle con mayor motivación, por ejemplo, para que trabaje con nosotros.

Es un gran apoyo cuando el perro está aprendiendo algo nuevo. Muchas veces los cuidadores de los perros se cansan de avanzar muy poquito a poco y se impacientan para saltarse dos pasos seguidos. Cuando el perro al que entrenan puede con ello, no hay problema, pero si el perrete es más lento en sus percepciones o no generaliza o aprende tan rápido como se espera de él, comienza la frustración de los humanos y la frustración de los perros.

Es por ello (y por muchos ejemplos más) que la paciencia ha de ejercitarse para no caer en la salida rápida, que en la mayoría de los casos no pasa por ser la más adecuada para tratar con un animal. Ejercitando la paciencia podremos observar mucho mejor a nuestro perro y sabremos cuál es el ritmo óptimo para entrenarlo. Así que… ¡nada de ser impaciente en el entrenamiento!



Miriam SainzLas claves del éxito (II): Paciencia

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