Los perros de terapia también corren

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Es tremendamente injusto ver un perro de terapia como un can que no puede llevar una vida normal solo por el hecho de tener que acompañar a sus guías a sesiones de trabajo.

Algunos técnicos en intervenciones asistidas con animales tienden a tener a sus perros entre algodones, y se olvidan de que, ante todo, son perros.

Nos es menos cierto que debemos tener algunos cuidados extra, sobre todo antes de entrar a una sesión, como por ejemplo no aproximarles en exceso a lugares que puedan tener garrapatas o pulgas como una zona de arbustos, evitar los charcos donde puedan rebozarse y llenarse de barro, o tener muy en cuenta los lugares por donde corre para que las espigas u otros pinchos no se adhieran a su cuerpo. Las espigas en cualquier caso, sea perro de trabajo o no, y los pinchos para no tener que entrar en sesión con un perro sucio porque no haya dado tiempo a limpiarle debidamente. Esto por un lado es negativo como imagen y no es agradable tocar o interactuar con un perro sucio, pero además si el perro tiene espigas, pinchos, barro seco, etc. durante toda la sesión sin posibildad de que se lo quitemos, también puede sufrir algún daño innecesario.

Sin embargo, con una buena planificación podemos tener un perro que disfrute de la vida, que disfrute de los charcos, que disfrute de correr allá por donde quiera, siempre que lleve la protección adecuada antiparasitaria y siempre que después del paseo le hagamos un buen chequeo.

Los perros de terapia, como por otra parte debería de ser cualquier animal que preste sus servicios de una u otra manera para el disfrute o beneficio de los humanos, necesita cubrir sus necesidades de juego, de investigación, de cariño, y de hacer un poco el loco como buenos perros que son.


Es cierto que va a necesitar más atenciones a nivel de la sesión que otros perros que después del paseo, puedan quedarse plácidamente descansando en casa, pero si a un perro de casa le permitimos trepar por unas piedras porque sabemos que eso le hace feliz, ¿por qué no deberíamos dejárselo a hacer a un perro de terapia?

Y sin embargo conozco una respuesta muy sencilla a esta pregunta: «es que si mi perro se cae desde esas rocas es posible que se haga daño en una pata y pueda estar dos o tres sesiones sin trabajar«.

Y estoy completamente de acuerdo: un perro con dolor nunca debería entrar a una sesión. Y digo «nunca» porque son tan pocos los casos que se me ocurren en los que podríamos poner una excepción, que aquí no debería haber dudas.

Sin embargo, ¿debemos eliminar esa libertad y el placer que le causa a nuestro perro poder hacer un poco el loco porque eso imposibilitar entrar en sesión?

Golden Retriever metido en un charco

Mi opinión es bastante clara a este respecto: creo que debemos hacer un buen trabajo de propiocepcion y de socialización con el entorno además de por supuesto tener trabajadas señales muy claras como por ejemplo la llamada, para evitar posibles problemas en caso de que veamos que hay peligro a nuestro alrededor, pero a partir de esa libertad y de esa educación, deberíamos dar al animal las posibilidades que el entorno le ofrece, y dejarle desarrollarse y evolucionar como individuo.

Y si en ese desarrollo y por haber dejado una libertad controlada para este mismo fin, nos encontramos con la mala fortuna de que nuestro animal sufre alguna lesión, tendremos que asumir que el perro no está a nuestro servicio, y que su fin en la vida no es servir a nuestros intereses.

A veces cuesta tener que recordar a los técnicos en IAA que, gracias a su forma de ser y a las notorias capacidades que le han llevado al perro a poder formar equipo en una sesión de terapia o educación asistida con animales, ese animal se ha convertido en un pilar importantísimo en la vida de muchas personas, pero es precisamente por eso por lo que no debemos olvidar que no hay que penalizar, por ser tan excepcional, a un animal que nos ayuda continuamente.

Qué injusto sería tener que limitar sus vivencias, sus experiencias, sus momentos de placer, por el hecho de haber sido seleccionado por su gran potencial o por sus cualidades actuales para ayudarnos en nuestra mejora de la calidad de vida de tantos colectivos formados por tantas personas.



Miriam SainzLos perros de terapia también corren

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