Necesita tu apoyo, no tu condena

No comments

Es raro el caso, aunque he de decir que me lo voy encontrando con más frecuencia, en el que te llaman para hacer una modificación de conducta de un perro que lo está pasando mal. Normalmente se expone el problema que supone para la familia o para la persona que llama, y no se profundiza en el posible trastorno o dificultad que se está encontrando el animal.

Esto, que está dentro de la lógica, habitualmente se plantean situaciones que sólo se han observado desde un prisma, y que incluso se ha construido toda una historia alrededor en la que justificarse y con la que alimentarse, sin pararse a pensar un momento sobre qué tiene que decir la otra parte… en este caso el perro.

La empatía no suele ser uno de nuestros mejores dones cuando de animales se trata. Es más, aún me encuentro a personas muy vinculadas con los animales que se sorprenden cuando hablamos de sentimientos e inteligencia animal.

Por eso este artículo lo escribo pensando en esas personas que culpan de alguna manera al perro de su comportamiento, que incluso perciben sus conductas como una represalia o una forma de «molestar» a la familia humana con la que conviven.


Y no todo son los «Mundos de Yupi» y claro que hay situaciones muy variopintas a lo largo y ancho de la convivencia con animales, pero a veces nuestras propias historias se convierten en realidades completamente alejadas de la lógica.

Entiende la situación

Como he dicho muchas veces, los animales viven en un mundo con leyes para humanos. Partiendo de aquí, la desviación con la propia naturaleza ya es frecuentemente insalvable.

Les pedimos cosas «por defecto» que muchos de ellos tienen problemas en gestionar, o simplemente no entienden o van completamente en contra de sus instintos.

Esto origina problemas de comportamiento que habitualmente conllevan estrés, ansiedad, miedos, problemas fisiológicos, físicos… Y por lo tanto, esos comportamientos que salen por uno u otro lado, son consecuencia directa, en muchas ocasiones, de nuestra propia forma de vida. Por eso entre otras cosas, es tan importante plantearse seriamente qué podemos ofrecer a un animal que comparta la vida con nosotros, antes de aventurarnos a llevárnoslo a casa.

Los perros no hacen las cosas porque sí. Si nos quedamos en «eso no me gusta» o «eso me molesta«, estaremos juzgando su comportamiento desde la capa más superior, y nunca ahondaremos en la raíz del problema.

Evita descalificativos

Esto no es ninguna tontería.

Primero porque aunque sean descalificativos «educados», estamos etiquetando a nuestro/a perro/a, y ya hemos hablado también de lo peligroso que es eso. Cuando pones en palabras «perro malo» o deribados, comienzas a ver a tu compañero/a canino/a con esa mella.

Además, lo que digas tú, será dicho por todas las personas que te rodean, que darán más fuerza a la idea negativa que tanto tú como la sociedad alrededor, tenéis sobre el perro.

Y por último, sin querer meterme en el apasionante mundo de qué entienden y qué no entienden los perros, es innegable que la energía con la que transmites algo sentido negativamente, nunca podrá ser la misma que con la que transmites una felicitación o algo bueno.

No tires la toalla

No desfallezcas ni pienses que tu problema es imposible. Curiosamente, me encuentro con muchas personas convencidas de que su perro/a es el caso más difícil con el que me he encontrado, con frases como «será el más rebelde de los que has tratado«, «estarás deseando ir a otro más sencillo» o «ya estás de nuevo con el más loco de todos«… y a veces resulta sorprendente ver cómo las personas lo creen así, con casos sumamente sencillos de atajar. Lo único que necesitan es constancia.

Si no lo has hecho ya, busca ayuda profesional y déjanos hacer nuestro trabajo. Confía y no vayas picoteando de uno a otro sin rumbo claro. Cada uno atajamos la situación de una manera concreta, y comenzar muchos caminos es la mejor manera de derrochar energía sin llegar al destino final. Cambia de profesional si no te gusta o no confías en él/ella, pero mantente con él/ella y sigue sus pautas hasta el final.



Miriam SainzNecesita tu apoyo, no tu condena

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.