No hay varitas mágicas

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Es una pena, pero lo cierto es que no existe una varita mágica para entrenar a un animal. A ninguno, por muy simple que pueda parecernos. ¡Cuántas veces habríamos tirado todos de la varita para cambiar un comportamiento en nuestro perro! Y con frecuencia habríamos pagado el precio que hiciera falta para, con un agitar de varita mágica, eliminar el problema que tenemos.

La magia en el comportamiento animal no existe, es cierto. Sin embargo, la receta para que los comportamientos que queremos que ocurran, realmente tengan lugar, es sencilla:

Observa

Fíjate bien cuál es el el comportamiento que quieres cambiar. Si son varios, ¿se repite algún patrón? A veces varios problemas tienen su origen en un mismo problema, como la frustración o la falta de ejercicio.

Determina los precursores

¿Qué es lo que hace que tu perro reaccione? Quizás es un ruido, un movimiento, una persona con determinadas características, el aburrimiento…

Refuerza en positivo la respuesta que deseas

Dile a tu perro (con el refuerzo positivo que mejor consideres) que eso que está haciendo es lo que SÍ quieres que haga.

Penaliza las respuestas no deseadas

No las premies. Y recuerda, una penalización no es lo que tú consideres que es, sino lo que tu perro entienda como penalización. Es decir, que un grito puede hacer que tu perro haya conseguido la atención que te estaba pidiendo. ¿Has probado con ignorarle? Si estás entrenando con él, no pedirle los ejercicios que le proporcionarán un premio es una buena forma de castigo. Échale imaginación, y jamás tomes como castigo la fuerza, el miedo, la violencia, la agresividad o la humillación. Seguro que sabes hacerlo mucho mejor que todo eso 🙂

Sé constante

¿Recuerdas cuando aprendiste a leer? No fue un proceso fácil, a pesar de que ibas diciendo en alto lo que ponía en todos los carteles que veías. Comenzaste con aprender las letras, luego las sílabas, más tarde palabras y finalmente frases. Todo fue paulatino y te pudo llevar más o menos que a otros niños y niñas de tu colegio, de tu barrio, ¿verdad? Si hubieras dejado de intentarlo cuando aún estabas con las sílabas, nunca habrías llegado a leer bien, y fue la constancia y tu continuidad las que te llevaron a poder estar leyendo ahora este texto. Cuando estés enseñando algo a tu perrete, recuérdalo.


¡Sé paciente!

No todos los perros aprenden igual y hacen falta normalmente muchos refuerzos para que podamos llegar a construir un comportamiento sólido y fiable. A veces el perro no tiene un buen día y a veces no lo tenemos nosotros… ¡y no pasa nada! Si no es el momento de entrenar, ¡no entrenes! Si tu perro está dispuesto a trabajar pero está cometiendo demasiados fallos, ¡revisa la forma en la que se lo estás enseñando! Y sé paciente, con el perro y contigo también, pues solo la paciencia podrá hacer que seas constante en tu entrenamiento.

Como ves no es nada que no podamos tener o trabajar cualquiera de nosotros. Sin embargo, aunque la receta sea sencilla, nadie dijo que fuera fácil de aplicar… Pero es que tener un perro sano en casa, física y emocionalmente, no es una tarea que se haga sola, y por ello tenemos una responsabilidad de la que hacernos cargo. Esa responsabilidad incluye formarnos mínimamente y tener unos conocimientos básicos de cómo tratar a un perro, y de cómo ir corrigiendo los comportamientos indeseados que le van surgiendo. ¿Cómo? Aplicando esta receta y consultando con un profesional, si tienes dudas de cómo llevarlo a la práctica.



Miriam SainzNo hay varitas mágicas

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