Mi perra tiene miedo a los disparos

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Muy similar al miedo a los petardos en perros o miedo a los ruidos fuertes, es el miedo a los tiros, por su carácter inesperado, aleatorio y de intensidad variable. Es un problema que puede ser más o menos importante en el día a día de tu perro.

Ahora mismo yo tengo este problema en casa. Noa es una perra de 10 años y medio, con la que he luchado mano con pata contra sus muchos miedos, desde que llegó a casa a los 2 meses y medio. Mucho trabajo, muchísimo aprendizaje y mucho avance en su día, hasta pasar completamente desapercibidos, durante dos años largos, los dos últimos.

Ahora con su edad, como ocurre con los perros senior, algunos fantasmas vuelven… y de manera repentina lo han hecho sus miedos. Esta vez miedo a disparos, algo que nunca había tenido. Ni siquiera miedo a los petardos o a los fuegos artificiales, que siempre hemos evitado que tuviera demasiado cerca.

He de decir que me entró el pánico cuando la vi ella desesperada por entrar en casa tras un tiro, jadeando y con el rabo entre las patas. Primero mi incomprensión, después la ira contra toda persona cazadora, y mi más honda tristeza por ver el estado de mi perra, de nuevo y tras tanto tiempo.

Lo que no hay que hacer

Tras mi experiencia y formación en el mundo animal, la modificación de conducta y, aunque parezca curioso, la Integración Social, he tenido claro lo que no iba a hacer estos días atrás para quitarle el miedo:

  • No iba a pasar por alto sus miedos, porque a mí me supusieran un fastidio. El hecho de tener que volver a prestar atención a esto, totalmente fuera de mi agenda, es sin duda un contratiempo. El esfuerzo y la atención que requieren los miedos en perros es altísimo. Parar mi vida para acoplar un trabajo exhaustivo con Noa, requería sacrificios.
  • No iba a dejar que lo pasara ella sola. Porque «dejar que se acostumbre» no funciona en mi cabeza. Conozco la intensidad del miedo de Noa, sé hasta donde puede llegar, y sé que si el miedo ha sido repentino (causado en este caso por dolor en su pata, pues siempre hay un por qué), cuanto antes lo ataje, mucho más se minimizará. Yo soy su persona de referencia, su apoyo, su guía, y son precisamente estos momentos los que demuestran la calidad de mi compromiso con ella.

Se me ponen los pelos de punta cuando, sin ningún criterio, escucho a la gente decir que «tiene que acostumbrarse» a sea cual sea al miedo de sus perros. Me parece que es una frase que encubre falta de compromiso, frustración y falta de recursos, todo combinado o individualmente.

Y es que me parece sorprendente la incapacidad que tenemos para leer su comunicación canina, pero el convencimiento con el que aseguramos que la terapia de habituación es la correcta…. cuando la pasamos por alto y lo que hacemos es inundar al perro; es decir, presentarle situaciones que no puede gestionar.

Y sin gestión, o hay aprendizaje. Aparece el cerebro reptiliano haciendo de las suyas sin dejar lugar al aprendizaje adecuado. Ataque o huída…. o indefensión. Una y otra vez, sin ninguna pauta, sin ningún registro, sin ningún control. Nada que haga intuir un avance, pero ahí se sigue exponiendo al perro a aquello que le supera. Miedo tras miedo, día tras días.

Es cruel, en verdad, aunque sea por inconsciencia. Creo que simplemente un poco de empatía cambiaría nuestras actuaciones.

Lo que estoy haciendo

  • Por supuesto lo primero que hice fue meter a Noa en casa, cerrar ventanas y puertas y, por si se oía por algún lado (los tiros parecía que los teníamos en la puerta de casa), bajé con el móvil una aplicación para poner ruido blanco. Esto lo combiné con música, por si hubiera alguna diferencia, y la verdad es que no la hubo (afortunadamente, pues prefiero escuchar música).
  • Me tumbé con ella y la hice caricias y masajes para que pudiera relajar sus músculos. En poco tiempo, dejó de jadear y se tumbó.
  • Busqué los horarios de caza y el tipo de caza que se hacía, pues lamentablemente el campo está la mayor parte del año vetado para los no-cazadores, pues si no es caza de paloma torcaz es de jabalí, y así sigue la lista macabra de matanzas alternativamente. Poquitos días de descanso.
    Con esos horarios, me di cuenta que el comienzo es a las 08h30, hora a la que Noa ya tenía que estar de vuelta de su paseo, y dentro de casa. He de decir, que se pasan los horarios por el rifle, e incluso antes de las 08h ya se pueden escuchar disparos.
  • Probé a sacarla de paseo sola, con el 100% de mi atención y sin Sasha o Luna (para no estar pendiente de Sasha por un lado, y para que no condicionara a Luna con su miedo a los disparos, por otro). De este modo podríamos volver si lo necesitábamos y hacer el recorrido que mejor nos viniera. Cuando Noa tenía miedo en el pasado, el campo siempre fue su bálsamo. Ahora que vivimos en el campo, la situación se me complicaba.
    Con algunos de estos disparos sueltos de antes de la hora, Noa no podía soportarlo y un par de días me pidió volver a casa. Y volvimos, claro, conmigo cantando a su lado y a paso ligero.
  • La comida no hacía efecto porque cuando un perro tiene miedo, como nos pasa a las personas, el estómago se cierra y toda la sangre se concentra en los músculos, no en el estómago. Es por eso que aunque llevaba comida conmigo en los paseos, no se la ofrecía. ¿Para qué? Sólo la habría devaluado y Noa la habría rechazado.
  • El resto del día Noa está en casa, y solo al final de la tarde sale. Aún quedan algunos disparos incluso por la noche, pero cada vez que sale, tiene abierta la puerta para entrar en casa a su disposición.
    Una parte de la casa está completamente cerrada y es difícil que escuche los tiros, a pesar de tener la puerta abierta. Las ventanas, por supuesto, cerradas a cal y canto. Y sí, a veces ha hecho calor de más, pero el bienestar de mi perra lo requería. Ventilador y A/C ha servido de aliados.
  • Como todo es campo y es complicado encontrar un lugar sin el sobrecogedor sonido de una posible muerte animal, la llevamos cerca del pueblo, zona más urbana, a un cachito de tierra para que se desahogara.
    Ha habido 2 días que no me ha dado tiempo a sacarla antes de que comenzase la sinrazón, por supuesto antes de hora. Así que esos días Noa no ha querido hacer sus necesidades fuera. Éste ha sido nuestro plan B, o llevarla cerca de la escuela de Sentido Animal por caminos ya conocidos y sin tiros.

  • He comenzado a sacarla con sus hermanas. El cambio ha sido muy positivo porque va más entretenida, no tan pendiente de los disparos. Gestiona mucho mejor, así que ese es el nuevo plan. Hacemos paseos mucho más largos y por pleno campo.
    Su habituación a los disparos es mucho mejor, teniendo siempre en cuenta que respeto las horas de caza (aunque haya cazadores que no). De vez en cuando las aviso de que tiro algo de comida por el suelo para que la busquen, e ignora los disparos, por fin.
  • Hoy después del paseo, que he alargado hasta casi las 09h sin inconveniente, me he quedado un rato en la parcela con la puerta de casa abierta, limpiando el gallinero y paseando alrededor.
    Han sonado varios disparos, por supuesto, y Noa se ha puesto muy seria, los ha escuchado con atención, y en vez de ir para casa, ha decidido quedarse con sus hermanas peludas y con plumas. El gallinero siempre tiene algún resto de verdura que las sibaritas de las gallinas no comen y de las que las perras dan buena cuenta. Así que la mayoría de las veces, ha seguido comiendo u olfateando.

Aún por solucionar

Hoy respiro tranquila porque el cambio en poco tiempo ha sido muy grande. Noa vuelve a tumbarse panza arriba en casa y a normalizar los disparos. Pero no doy mi trabajo por terminado, ¡ni mucho menos!

Por un lado hay que solucionar el dolor de su pata, para el que estos días no hemos podido cuadrar con la veterinaria. El dolor es una causa habitual de miedos, estrés reactividad, apatía y un montón de cosas más. Y aunque no lo fuera, ¡el dolor hay que quitarlo!

Por otro, la exposición que voy haciendo a Noa de los sonidos de los disparos debe seguir siendo progresiva. Como hasta ahora, de poco me sirve que pueda entrar en casa si se asusta, si al salir continúa asustándose. Tengo que medir la intensidad de los tiros (mucho menor por la tarde-noche) para salir y estar pendiente de sus reacciones, dándole algo de adiestramiento, juego de olfato o entretenimiento, y seguir evitando una intensidad muy alta.

Cuando considere que no muestra inquietud por esta intensidad, podré pensar en mayor número de disparos. Mientras tanto no. Y por supuesto no bajar la guardia en ningún momento, e ir comprobando periódicamente su estado emocional.

Considero que es muy importante tomar conciencia de lo que suponen los miedos. Es terrible vivir atemoizado/a. Hay que ponerse a trabajarlo y hacerlo de la manera adecuada. No supervisar el trabajo de manera profesional o con los conocimientos adecuados, puede afectar irreversiblemente a la calidad de vida de nuestros perros.

¿Has tenido tú alguna situación similar con tu perrete? ¿Cómo has conseguido solucionarla?

Sobre la autora


Miriam Sainz

Técnica y Experta en Intervenciones Asistidas con Animales, Educadora Canina especialista en conducta y entrenadora multiespecie. Integradora Social. CEO de Sentido Animal.

Miriam SainzMi perra tiene miedo a los disparos

2 comments

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  • Silvia Viña Del Val - 9 de septiembre de 2022 reply

    Mi perra París ha desarrollado un miedo generalizado a acercarse a cualquier lugar donde haya aglomeración de personas debido a los petardos y yo ya no se que hacer. Intento ponerle música, intento acercarme poco a poco a zonas con gente pero es imposible. Su pánico cada vez es mayor 😔

    Miriam Sainz - 20 de septiembre de 2022 reply

    ¡Hola Silvia!

    Lamento mucho leer esto de Paris.
    Es posible que ahora mismo, lo que menos necesite Paris es que trabajes su desensibilización.
    Evita completamente a la gente que no puedes controlar, y ve trabajando solo en lugares muy solitarios (campo, polígono en domingo, etc) donde ella se sienta cómoda. Ahí puedes presentarle a una persona a la que puedas controlar sus movimientos (ven, espera, márchate), con suficiente distancia y alternativas para que la perra decida hacia donde va o qué quiere hacer.

    Recuerda que la intensidad del estímulo es muy importante, y nada tiene que ver una persona controlada con varias con movimientos que no puedes dirigir.

    Empieza por ahí, y ver contándome.

    Un abrazo a las dos.

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