Tolerancia cero: ni un solo fallo cuando de perros se trata

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Es cierto que la sociedad te pide continuamente no fallar, y que continuamente también te muestra los fallos que has tenido, más allá de ensalzar los aciertos. Todo es continuamente juzgado… y por supuesto esto se extrapola también a la idea que la sociedad en general tiene de los animales.

Es complicado explicar que los perros, son perros, no máquinas perfectamente engrasadas para ejecutar comandos a nuestro antojo, por muy buen entrenamiento que tengan. Los perros también pueden tener un mal día, o nosotros como guías, o simplemente responder a una petición de manera dubitativa, por cientos de motivos diferentes.

Hoy no me quiero centrar en el entrenamiento en sí, sino en la vida diaria. Todo el mundo SABE lo que un perro tiene que hacer (principalmente si no convive con ninguno…, nótese la ironía) y es imposible que se salga de lo marcado. En los últimos tiempos he leído en Twitter cosas como que sienten que quienes tenemos perros somos poco cívicos porque aunque se recojan las cacas, los pises no, y quedan restos por los que luego se pueden pasar las cajas de verdura y fruta, quedando contaminadas… No seré yo quien apruebe dejar las heces de los perros sin recoger en zona urbana, pero me parece que llegamos a unos extremos que, como tal, son exagerados. Y no sólo eso… también he tenido que escuchar perlas del estilo «a ver por qué tengo que aguantar yo que un perro haga sus necesidades en la calle, aunque se recojan, pues deberían hacerlo en su casa«. Y por más perplejidad que consigan en quienes escuchan o leen, lo cierto es que en menor medida tengo la sensación de tener que estar siempre justificando si mis perras hacen aquí o vienen de allá… Y no, para su lamento topan con quien es poco susceptible a comentarios ajenos, que no dejan de sorprenderme, en cualquier caso. Pero conozco casos, y no pocos, en los que la gente se ve en la necesidad de regañar o hacer cosas a sus perros poco propias de quien enseña con dulzura, por temor a ser reprendidos por un extraño.


Cada vez que un animal tarda más de lo normal en aprender (de lo «normal», perfectamente estipulado en las leyes de la normalidad canina…), cada vez que permito un comportamiento que de algún modo desagrada a otra persona, o cada vez que las pruebas de lo aprendido me ponen en una tesitura que no deseo, siempre hay alguna voz intelectual que me sugiere que el adiestramiento ético no funciona en todos los casos. Es mucho mejor atajar de raíz con más o menos violencia.

Cada vez que mis perras sueltas «molestan» a más de 10 metros a alguien que se incomoda con la mera presencia de perros, hay una sugerencia (normalmente poco agradable) que apunta a que las ate. Y no, señores, el miedo a un perro también se trata. No quiero decir que la gente tenga que aguantar a mis perras o los perros de cualquiera yendo sin control por la vida. Hablamos de estar en el campo, con perras a las que puedo llamar y que acudirán de inmediato, que podrán sentarse o tumbarse al paso de quien me lo pida, y continuar su camino disfrutando de los pinos de igual manera que con quien nos hemos cruzado. Y entiendo el pavor a los perros aunque no lo comparta, pero también entiendo que hay que ser, principalmente educados, y a continuación sensatos. «Los perros son para llevarlos atados«… ésta es una de mis preferidas, pues todo el mundo sabe que ya nacen con arnés y correa incorporados

perra en el campo

En una sociedad donde encontrar un «pipi can» en condiciones, donde los perros puedan correr y jugar y tú puedas disfrutar del perro, es tarea más que complicada, donde los parques tienen unos horarios para soltar a los perros de risa, cuando los tienen, donde nuestras interminables playas tienen vetado su acceso excepto raras excepciones, donde los perros son un problema con soluciones a encontrar y no parte de nuestra familia que defender y por supuesto enseñar, es realmente complicado mostrar tolerancia a los fallos que tanto perros como guías podamos cometer.

Confiemos en que poco a poco vayamos teniendo la capacidad de explicar que somos nosotros quienes tenemos la responsabilidad de educar, pero también un margen de error que nos permita seguir avanzando. Vivir en sociedad pasa por tolerar a los vecinos, los ruidos y las cosas que no queremos en momentos en los que no queremos. Y sí, los perros y otros animales son parte de nuestra sociedad.

Ya es triste que nos hayamos alejado tanto de la naturaleza que creamos que el cemento es nuestro sino, para que además no toleremos que animales un poquito más cerca de ésta, convivan entre nosotros.



Miriam SainzTolerancia cero: ni un solo fallo cuando de perros se trata

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2 comments

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  • Marina - 23 de octubre de 2015 reply

    Mi perra dejará de mear en la calle cuando los humanos dejen de hacerlo… Pues además suele mear donde mean los hombres habitualmente…

  • Marina - 23 de octubre de 2015 reply

    De hecho alguna vez que he visto a un hombre mear en la calle le he ofrecido una bolsita de cacas de mi perra para que lo hiciera ahí… y no en el portal de un edificio… pero nunca han accedido… Quizá el ayuntamiento podría dispensar bolsitas para meados de hombre…

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