Perros jugando con perros

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La gran mayoría de personas que tiene un perro, se preocupa (afortunadamente) de que juegue y socialice con otros perros. A veces esto se convierte en una máxima, e incluso se descuidan aspectos básicos de su comportamiento en favor de una interacción más cercana con sus congéneres.

Sin perder el punto de vista de que un perro es un animal social, pero sabiendo que cada individuo tiene su forma de ser y sus necesidades particulares, vamos a hablar hoy un poco sobre los juegos entre perros.

¿Amigo de todos?

Si un concepto debe quedar claro cuando pensamos en que nuestro perro corretee por el parque feliz, jugando con todos los perros, grandes y pequeños, durante horas, es que nuestro compañero peludo no tiene por qué llevarse bien con todos los perros.

Incluso, aún jugando con todos, es posible que el tipo de juego difiera mucho con uno u otro perro, y que nada tenga que ver cuando juega individualmente o lo hace en grupo.

Podemos encontrarnos con frecuencia perros que de cachorros o adolescentes tenían un juego sano y muy bonito, y que a medida que van creciendo, debido al desarrollo hormonal y a las experiencias vividas, además de otros muchos motivos, dejan de tener una buena relación para pasar a ignorarse e incluso a no gustarse.

Los juegos eternos

Los perros suelen tener la capacidad de autorregularse el juego, y comenzarlo, pausaro o terminarlo cuando la situación lo requiere. Esto, sin embargo, no siempre ocurre, y serás tú quien deba pautar los tiempos de juego de tu perro.

Estoy segura de que en más de una ocasión has asistido a un juego entre canes que termina en un encontronazo e incluso una pelea. Y sin embargo, ¡estaban jugando unos minutos atrás!

El juego aumenta la testosterona y eso fomenta que pueda haber problemas con un juego prolongado. Además, cuanto más juego incontrolado, más excitación de los perros, y si ninguno de los dos (o más de dos) pone fin a eso, tenemos todas las papeletas para conseguir comportamientos que no queremos ver en nuestros compañeros de cuatro patas.

Uno de los motivos de controlar los tiempos con los perros sueltos, jugando, interactuando… en nuestras salidas de socialización mensuales, es precisamente este. Siempre pendientes de las señales que nos hacen y se hacen entre sí los perretes, y de su estado emocional para poder prevenir situaciones no deseadas, que no enseñan nada bueno a los perros.

Enemigos en el parque

No, no me refiero precisamente a otros perros… sino más bien a todo aquello que no les deja relacionarse entre sí o con el entorno de una manera sana y natural.

Pelotas, frisbees, palos o incluso la dependencia extrema de su compañero humano, no les deja investigar o desarrollar sus capacidades sociales. En numerosas ocasiones, esa necesidad de que le tires la pelota «sí o sí» termina en obsesiones difíciles de eliminar, sobretodo por el proceso por el que le haremos pasar al perrete.


Salir a la calle no es únicamente una cuestión higiénica para que no haga sus necesidades en casa. Salir a la calle representa un mundo de posibilidades entre olores, objetos y animales, ruidos y posibilidades de ampliar su horizonte, en definitiva. Si al sacarle sólo estamos pendientes de tirarle la pelota o de que vaya a por un palo, y el perro asociará que es lo que hay que hacer en la calle porque además está esperando el resto de las 24h del día para eso, le estaremos quitando la posibilidad de experimentar un montón de cosas, y por supuesto, de relacionarse con otros peludos.

Cachorros y perros adultos

Otra cosa que deberemos tener en cuenta cuando permitimos a dos o más perros saludarse y jugar, es la edad de cada uno.

Perro adulto jugando con cachorro

Los cachorros son fuente casi inagotable de energía, y los adultos pueden cansarse con facilidad, e incluso no querer relacionarse con «críos»… Si los adultos son perros estables y con cierta mano izquierda, le harán saber al cachorro que el juego ha terminado (o que no va a comenzar…), pero ni todos los adultos son tan diplomáticos, ni todos los cachorros se quieren dar por enterados.

Llamamos precisamente «licencia de cachorro» al período en el que el pequeño está aún muy exaltado por jugar y los adultos le permiten mucho más de lo que le permitirán en unas semanas, cuando comience a crecer y le hagan saber que ya no puede comportarse como lo hacía hasta ahora.

Por el mismo motivo, un perro de edad avanzada puede tener dolores al jugar o simplemente no tener un día demasiado sociable.

Es por esto que, con mayor motivo, tendrás que controlar y pautar el juego entre perros de diferentes edades, y, de nuevo, estar muy pendiente de las necesidades de cada uno, para poder cortarlo y continuar con el paseo en el momento adecuado.

Los juegos entre cachorros suelen ser mucho más relajados (para los humanos). Aún probando, entendiendo la potencia de su mordida, con casi el único afán de pasar un buen rato, a la vez que aprenden y desarrollan muchas de sus capacidades, los juegos entre ellos son fantásticos de ver y disfrutar.

Si has tenido un perro desde cachorro y ahora ya es adulto, ¿has notado estas diferencias en el juego a lo largo de su desarrollo?



Miriam SainzPerros jugando con perros

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