A ti, que vas a abandonar a un perro, te voy a contar una historia

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Esta historia la conocen al completo muy poquitas personas, pero tengo la necesidad de compartirla contigo, que estás a unos pocos días de dar el paso de abandonar a tu perro.

Sí, ya sé, «abandonar» suena tan fuerte que no te sientes identificado/a. Vamos a llamarle entonces «dejar en una protectora«, que es mucho más suave que «perrera». Así ya podemos empezar una conversación más cómoda.

Sasha, «dejada en una protectora»

Mi maravillosa perra Sasha también fue «dejada en una protectora«. Las circunstancias son confusas, pero la verdad es que tenía una familia, con un bebé humano, aparentemente de un añito. No parece que tuviera muchos estímulos, y quizá algún grito de más, pero era feliz en familia. Seguro que lo era, pues me dedico a este mundillo y puedo suponerlo con buen criterio.

Las cosas vinieron mal dadas y a los 3 años de vida, casi justo como regalo por su cumpleaños, no pudieron hacerse cargo de ella, y esta familia, decidió prescindir de uno de sus miembros: Sasha.

Supongo que la familia pensó que era un lastre menos en su lucha por llegar a fin de mes, y que «dejándola en la protectora» de CICAM Majadahonda, estaría bien cuidada.

La realidad es que tenía agua y comida en abundancia. Estaba desparasitada y salía todos los días a los patios con otros perros. Buscaba compañía humana sin parar y no paraba de mover el rabo.

Pero no tenía a su familia. No tenía a papá y mamá humanos, ni a su hermanito pequeño humano. Y no lloraba, pero les llamaba hasta desgañitarse. No paraba de llamarles ni de acercarse a la puerta para que la dejaran salir a buscarles. Eso sí, movía el rabo todo el tiempo. Debía de estar feliz…

Sasha, adoptada

Cuando la vi y me puse a trabajar con ella, me enamoró. Yo tenía mucho vértigo, pues ya convivía con dos perras adultas en casa, pero decidí adoptarla. Nunca dejaba de mover el rabo… pero no había que ser una experta para saber que había un halo de tristeza oscura en su interior. Resulta que el movimiento del rabo es tan relativo, que si no vemos más allá que felicidad, es porque no sabemos entender a los perros.

A los pocos días de tenerla conmigo, cruzó la carretera como loca cuando vio una pareja con un perfil muy concreto, con un carrito de bebé. Corrió como no la había visto correr los días anteriores. Llegó a ellos, les olió, y volvió de nuevo hacia nosotros: no había encontrado lo que buscaba.

Este mismo comportamiento lo repitió una y otra vez, incluso atada me pedía por favor acercarse (y a veces no tan «por favor»). Pero siempre obtenía el mismo resultado: no era lo que buscaba. Y lo que buscaba no era ni más ni menos que a su familia.

Este comportamiento lo mantuvo durante algo más de un año después de su adopción. Buscaba, cada vez con menos desesperación, a la familia de la que ella estaba convencida, se había perdido. No cabía en su cabeza un abandono. Perdón, una «dejada en la protectora«.

Sasha, feliz

He tardado 4 años en ver cómo, con mucha lentitud, esa tristeza crónica, enmascarada por la espontaneidad y las ganas de querer a toda persona que se cruzara en su camino, se iba deshaciendo. Hoy puedo decir que llevamos varios meses en los que Sasha, es plenamente feliz.

Durante estos 5 años con nosotros, Sasha ha descubierto y afrontado novedades en su vida, tan básicas como el agua de los charcos, la lluvia o los lagos. Ha tenido una gran variedad de estímulos, maravillosas experiencias y asumido responsabilidades perrunas. Sasha ha disfrutado acompañándome a sesiones de Intervenciones Asistidas con Animales y nos ha hecho llorar de emoción con su sensibilidad. Todo esto lo ha hecho, y lo sigue haciendo.

Aún hoy no se separa de mí en la casa o en el campo, por temor a perder de nuevo a quien más ama. Felizmente poco a poco y respetando sus tiempos y necesidades, con la gran ayuda de Neska y Noa, se aleja por la montaña unas decenas de metros a ratitos, siempre con un ojo puesto en mí, no fuera a desparecer. Y si así ocurre y deja de verme, echa a correr sin control, sin pensar, hacia donde cree que puedo estar, sin siquiera parar a razonar cuál puede ser la dirección correcta. Y ya es capaz de quedarse en casa con sus hermanas si yo no estoy, pero bien sé que añora mi regreso cada minuto, con ya una leve ansiedad, aunque incluso mi pareja esté con ellas.

El camino no ha sido sencillo, pues nunca había tenido que enfrentarme a trabajar que una perra dejara de querer y aprendiera a olvidar, a quienes fueron su familia durante tres años, desde cachorrita. Normalmente hay que construir el vínculo con otra familia, pero nunca me había puesto en los zapatos de quien llora día sí, día no, al no poder darle a su perra aquéllo que más anhela: el calor de quien no quiso mantenerla en a su lado.

Y digo «no quiso«, porque bien conozco la situación de no llegar a fin de mes, aunque ahora mi realidad sea otra. Y jamás he buscado una excusa para no ocuparme de mis animales (conejos, gata o perras), a los que no les ha faltado nunca atención de ningún tipo, aunque yo tuviera que privarme de tantas cosas… Eso es lo que yo concibo como tener una familia. Todos a la vez, todos somos uno.


No te pongas excusas: es abandono

He querido compartir esta historia contigo, para que seas consciente del dolor inmenso que generas en tu perro/a al dejarle sin mirar atrás.

Las protectoras no son albergues de lujo, porque el lujo para un perro es caminar en familia.

Da igual si no tienes dinero o no tienes tiempo. Da igual si un bebé esperado o no, llega a la familia. En este caso, me gustaría saber si transmitirás los valores del abandono, explicándole cuando sea más mayor que cuando nació, un miembro de la familia fue abandonado para cuidarle. Cuidado que no te pone en buena situación para el futuro.

Da igual si es el animal más tranquilo del mundo o un revoleras sin remedio. Da igual si te cambias de casa; créeme, yo lo he hecho y jamás fue una opción aquéllo de «no me dejan tener animales«. Da igual todo porque lo único que importa eres tú, tu compromiso, tu persona.

Es tanto el dolor que generas alrededor que con frecuencia se hace insoportable, para el animal que sufre, pero también para todos los que nos dejamos la piel en que personas como tú sean más responsables en el futuro.

No sigo, que Sasha y sus hermanas perrunas me ven ponerme triste y aquí las tengo conmigo, apoyándome como la familia que somos.

Y si la historia de Sasha no te ha removido ni un poquito, mi consejo es que revises tus valores.

Por favor, busca una solución alternativa.



Miriam SainzA ti, que vas a abandonar a un perro, te voy a contar una historia

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